Las ciudades invisibles Italo Calvino


Via: Yuyín González

Nunca como en nuestros días, la ciudad es un ente tan maravilloso, estrafalario y bizarro. El nuevo arquetipo materno, donde convive el mendigo y el millonario, punto de encuentro cultural y de todo tipo de organización, la jungla de asfalto donde un niño puede perderse lo mismo que en el bosque. El espacio donde el Hombre habita en convivencia con sus semejantes con todo lo que esto implica, la ciudad. 



Las ciudades se construyen para perdurar, por ello, el tiempo y el espacio son cuestiones primordiales en su construcción.

A través de un viaje imaginativo espectacular, contextualizado en el encuentro entre Marco Polo, el legendario viajero y primer europeo que llegó a conocer Asia Oriental y lo documentó y kublai Kan, el legendario gobernante mongol, Italo Calvino nos lleva a un viaje donde conoceremos maravillas lejanas. La voz de Marco Polo describirá, para beneplácito del gran Kan, diferentes ciudades que ha conocido a lo largo de sus viajes, emparentadas las unas con las otras a través de diversos temas, la memoria, el deseo, los nombres, los ojos, los muertos…

Nos explica el narrador que sólo a través de estos relatos el gran Kan podía entender los que había más allá de su palacio. Como si la imaginación de Marco Polo poseyera una fuente de verdad más pura que los simples relatos de los observadores que había esparcidos por el reino del Kan. El autor apuesta a la imaginación y a la belleza como fuente de conocimiento y reflexión.

Nos encontramos así con ciudades fantásticas, una interminable, otra sobre el agua, otra transparente, otra cuyas calles son escaleras, otra que no puede visitarse dos veces, otra construida sobre un precipicio, otra reflejada de manera exacta en la superficie de un lago; otra más llena de sonidos escondidos en los rincones, otra ciudad que es todas las ciudades. Ciudades prosperas, infelices, abandonadas, ricas en oro, junto al mar, en medio del desierto, con cientos de torres y edificios maravillosos.

En Melania, cada vez que alguien entra a la plaza se encuentra en la mitad de un diálogo entre dos personas y si vuelve años después se encuentra en la mitad del mismo diálogo. Cecilia es una ciudad que se encuentra en todas partes y de la que un cabrero no puede sacar a sus ovejas para que pasten.

En algunos casos las ciudades resultan en una alegoría. Pentesilea, por ejemplo, es una ciudad en la que no se puede saber si se encuentra un viajero dentro o fuera de la ciudad. Esto sucede muy a menudo en nuestros días, ya que el desmesurado crecimiento de las ciudades conlleva a la confusión sobre donde comienza la ciudad y donde termina, confundiendo incuso las actividades del campo y la ciudad.

En la última conversación expuesta en el libro entre Marco Polo y el gran Kan, se habla de que las ciudades pueden ser un infierno, totalmente detestables, y termina con una reflexión acerca de lo que debe hacerse en este tipo de ciudades: “buscar y saber reconocer quien y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio.” La cuestión espacial y temporal, sigue siendo primordial, como puede observarse. Calvino apuesta, lo mismo que su Marco Polo, a la imaginación para lograr hacer perdurar y dar espacio a lo que no es infierno.

Las ciudades invisibles, es un libro apto para todas las edades, lo puede disfrutar un niño que busca historias fantásticas o un Ingeniero Civil que busca una reflexión acerca de la constitución de las ciudades reales, algunas de ellas dignas de incluirse entre Las ciudades invisibles de Italo Calvino.



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