La senda del perdedor

Via: Yuyín González

Hablar de la vida de desenfreno y alcoholismo de Bukowski, mencionar que Shakespeare le parecía “ilegible”, de sus amores con Jane, de su visión decadente, trágica, y extremadamente sincera, de su poesía realista, violenta y sentimental; todo esto es una apología de los perdedores. La otra cara de la moneda del “sueño americano”. Nihilismo puro. Todas estas características las encontramos reflejadas en su libro La senda del perdedor, que data del año 1982 y que constituye la primera parte de su obra basada en su propia biografía.

Su alter-ego, Hank, nos cuenta en este libro los primeros años de su infancia, aún en Alemania, su adolescencia, su terrible problema con el acné- ¿será verdad que su caso de acné figura como el peor caso en la historia de California?-, sus primeras borracheras en las que ya figuraba como un bebedor inalcanzable, su paso mediocre por la universidad, su relación con Becker.

En este libro nos damos cuenta que el protagonista pierde en todo, “hasta en las canicas”, como suele decirse. Pero Hank no es un imbécil, no pierde porque sea un imbécil. Tampoco pierde porque no quiera ganar, el sabe que ganar es importante “sólo porque lo es” y aunque esto sea absurdo intenta ganar algunas veces, como lo vemos reflejado en su batalla en un juego de mesa con un niño en el último capítulo.

Él no desea las cosas que el grueso de la población desean: triunfar laboralmente, tener una linda familia, tener un coche lujoso, una gran casa… El sólo quiere su vaso lleno de alcohol para poder vaciarlo. Hank juega un juego en el que es difícil sobrevivir. Con el paso del tiempo, de la edad, las necesidades de la vida cotidiana nos orillan a elegir ese tipo de cosas y a desear convertirnos en ganadores y esto llega a parecernos importante “sólo porque lo es”. Desde este punto de vista, la obra en general de este autor se convierte en una crítica a la sociedad, a ese grueso de la población que vive en el absurdo de desear cosas que en realidad no producen placer sino en el sentido de vernos a nosotros mismos como “ganadores”. Ser un ganador es una locura.

En este escenario aparece la figura de Becker, un escritor que habla mucho de escribir y que se alista en la milicia para combatir en la Segunda Guerra mundial. El sueña con ser un escritor triunfador y las últimas palabras de Hank le expresan que él es el mejor que ha conocido. Becker es el tipo de escritor que cree en las instituciones y tiene grandes sueños, el polo opuesto de Hank. 

El destino de Becker es la muerte en la guerra; mientras que el de Hank es sobrevivir, tener un contacto directo con el sufrimiento y la ternura del mundo, sin fantasías- ¿de ahí su repelencia a las drogas? Este puede ser un punto de partida para escudriñar la visión del mundo de este gran escritor, que dicho sea de paso, es reconocido en español por su obra narrativa, mientras que en ingles es mucho más reconocido por su obra poética.

Si no crees en los valores morales contemporáneos, o continuamente los pones en duda, este es un libro para ti. Pero a veces cuestionar los valores morales es una actitud propia de un adolescente; mientras que para Bukowski era un auténtico camino en donde sólo los mejores sobreviven, como el mismo dirá en otros textos.

La editorial Anagrama ha publicado esta obra junto con otros textos narrativos del autor y son muy populares en las librerías.




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